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Por María Laura Eberhardt

En los últimos años, el debate público en torno a las juventudes parece haber quedado atrapado en diagnósticos simplistas y sentencias absolutistas. Frases como “la juventud está perdida”, “los jóvenes son apáticos” o “ahora son todos de derecha” circulan como verdades inamovibles, intentando explicar un fenómeno complejo desde la comodidad de la distancia. Sin embargo, cuando la mirada se posa sobre el territorio, cuando se caminan los barrios y se habitan las aulas de nuestro conurbano bonaerense, esa caricatura se desmorona para dar paso a una realidad mucho más rica, compleja y dinámica.

El presente dossier sobre participación política de las juventudes de la Revista Territorio nace, precisamente, de la decisión de acortar esa distancia. Los artículos que componen esta publicación no son el resultado de investigaciones de escritorio, aisladas de la comunidad. Por el contrario, son el fruto directo de los proyectos de vinculación territorial y las políticas de curricularización impulsadas por la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) desde hace años.

Iniciativas como “Juventud en marcha”, “Redes de sostén, “La ciudadanía del siglo XXI”, “Aulas expandidas”, “Pedagogías, experiencias y prácticas descolonizadoras en territorios socio-educativos”, “La energía que nos mueve y nos acerca”, entre muchos otros, demuestran que la universidad no es solo un espacio donde se transmite conocimiento, sino una institución educativa arraigada en un territorio donde se lo produce en diálogo permanente con la comunidad. Lejos de una lógica unidireccional o verticalista, la articulación entre las aulas y los barrios que promueve la UNAJ habilita la construcción de saberes situados. Es en ese cruce entre la teoría política y social, la realidad local, la práctica educativa comunitaria y la vinculación territorial donde nacen las reflexiones de este dossier.

Las nuevas gramáticas de la participación

El primer gran hallazgo que proponen los textos aquí reunidos es la necesidad de ampliar nuestra definición de “política”. Como bien analizan Aguirre, Morales y equipo, junto a los aportes de Eberhardt, Saavedra y Pucheta, las juventudes de sectores vulnerabilizados están redefiniendo el campo de lo político. Si las métricas tradicionales solo observan la militancia partidaria o el voto —donde efectivamente se registra cierto desencanto juvenil con las instituciones—, se pierden de vista las múltiples acciones participativas cotidianas que tejen las juventudes contemporáneas: desde la resolución de problemáticas barriales hasta los debates de sobremesa.

Para comprender el trasfondo y la complejidad de esta mutación en la cultura política de los jóvenes, Sergio De Piero y Matías Triguboff proponen en su artículo mirar el fenómeno desde una perspectiva histórica y politológica, analizando cómo el desapego político actual expresa una crisis de legitimidad y eficacia de la democracia antes que una mera apatía. A través de un rastreo de los relevos generacionales (desde los Baby Boomers hasta las generaciones Z y Alfa), los autores explican cómo las promesas incumplidas de bienestar material y la demanda de inmediatez erosionan el contrato social, empujando a las juventudes hacia un individualismo posmoderno o hacia alternativas electorales disruptivas como la de 2023. 

Esta transformación contemporánea de los repertorios de acción está, a su vez, fuertemente atravesada por las lógicas digitales y las brechas de género. Al respecto, el estudio cuantitativo aportado por Nicolás Sejas revela un panorama fascinante y complejo en Florencio Varela tras la pandemia: mientras un sector de los varones jóvenes encuentra refugio en discursos de derecha, muchas mujeres jóvenes —especialmente aquellas con formación universitaria— experimentan una crisis de representación sustantiva. Sin embargo, no se retirarán del espacio público, sino que vehiculizan sus demandas a través de causas feministas, colectivos culturales y plataformas digitales.

Es en este ecosistema donde lenguajes aparentemente frívolos adquieren un peso político innegable, Soledad Sánchez nos muestra cómo el “meme” ha dejado de ser un simple chiste para convertirse en una herramienta de intervención pública. En los talleres de vinculación de la UNAJ, se hace evidente que lo que se debate en el barrio se resignifica en las redes sociales, y viceversa. La ciudadanía del siglo XXI se construye en este puente ineludible entre la calle y la pantalla.

La universidad como refugio, puente y horizonte

Frente a la crisis económica, el avance de discursos de odio y el desfinanciamiento sistemático de la universidad pública, las juventudes demuestran que la salida sigue siendo colectiva. El artículo de Lucía Meza es un testimonio vibrante de cómo, ante el recorte de becas y presupuesto, los/as estudiantes de la UNAJ responden con más organización: sistemas de becas autofinanciadas, clases de apoyo solidarias y movilizaciones masivas en defensa de la educación pública. 

Pero, para que la universidad sea ese territorio de resistencia y contención, primero debe imaginarse como un lugar posible. Los textos de Mariana Pilla y su dupla con Santiago Espinola iluminan una de las políticas más transformadoras de la vinculación territorial: el trabajo con las escuelas secundarias y técnicas. Cuando un/a estudiante de secundaria o escuela técnica recorre los laboratorios en la universidad ocurre un quiebre simbólico fundamental: la educación superior deja de ser un espacio ajeno y elitista para convertirse en un proyecto de vida propio. 

En profunda sintonía con estas estrategias, el artículo de Marcelo Mosqueira y Paul Dani sobre técnicas participativas e inteligencia humana aborda el enorme desafío de reconstruir la experiencia de comunidad en las escuelas secundarias contemporáneas. Recuperando las vivencias del proyecto “Aulas Expandidas” junto a estudiantes de la UNAJ en Florencio Varela, el texto advierte sobre la fragilización de los vínculos y postula a la escucha pedagógica como una herramienta indispensable para democratizar el aula. A su vez, frente a la irrupción de la inteligencia artificial, el trabajo plantea una tensión fundamental: la tecnología debe integrarse desde un proyecto que potencie la inteligencia humana colectiva, recordando que ninguna innovación reemplaza a la relación pedagógica viva ni a la centralidad del encuentro humano. 

Esta trama de contención estatal y comunitaria se ensancha con el aporte de Diana Ávila y Gabriel Zeballos, quienes analizan el impacto del Programa Envión en la Provincia de Buenos Aires. Su artículo recupera la potencia de las políticas públicas situadas que, al sostener una presencia cotidiana en los barrios populares, se transforman para las juventudes en una “segunda casa” o un “lugar seguro”. Al ordenar el tiempo, alojar trayectorias educativas y laborales fragmentadas por la desigualdad estructural y habilitar la palabra, el programa funciona como un organizador de expectativas y un puente hacia formas alternativas de ciudadanía juvenil y comunitaria, demostrando que el futuro empieza a proyectarse allí donde alguien registra lo que a uno le pasa. 

En esta misma línea de ampliar los espacios donde las juventudes construyen sus vínculos y desarrollan sus trayectorias, el texto de Emiliano Ojea y Yésica Sagliocca nos invita a observar un ámbito no siempre reconocido como político: el deporte universitario. Los autores demuestran cómo, lejos de ser una actividad complementaria o periférica, la práctica deportiva en instituciones como la UNAJ se ha consolidado como un actor estratégico y una herramienta ineludible de desarrollo integral. Frente a las dinámicas de fragmentación social, los equipos deportivos funcionan como vitales redes de apoyo y contención emocional donde se discuten derechos, se problematizan desigualdades y se promueven formas más democráticas de participación ciudadana. Así, el deporte universitario deja de medirse exclusivamente en resultados competitivos para erigirse como un territorio de encuentro colectivo que apuntala la continuidad de los estudios y fortalece el sentido de pertenencia.

El desafío de la herencia y la representación real

Finalmente, el dossier nos invita a una reflexión crítica hacia el interior del campo nacional y popular. El ensayo de Facundo Nahuel Barragán pone en palabras la incomodidad necesaria de una generación que creció al calor de la ampliación de derechos, pero que hoy choca contra estructuras dirigenciales muchas veces cerradas y desconectadas de las urgencias materiales de las mayorías (empleo precario, alquileres imposibles, inseguridad). La política, advierte, no puede encerrarse en un circuito de autopreservación. Debe volver a abrirse, permitiendo que las juventudes no solo militen o sostengan el territorio, sino que conduzcan y disputen el poder real.

En síntesis, este dossier es una radiografía y, a la vez, un manifiesto. Nos demuestra que las juventudes están participando, debatiendo y sosteniendo lo común en uno de los contextos más adversos de nuestra historia reciente. Y subraya, de manera irrefutable, el rol ineludible de la Universidad Nacional Arturo Jauretche: no habría manera de comprender, acompañar y potenciar estas nuevas formas de ciudadanía sin una universidad pública que se adentre en el territorio, que curricularice sus prácticas de extensión y que entienda que el conocimiento solo tiene valor cuando sirve para transformar la vida de su pueblo.

 

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